Mandrear*, qué hermosa palabra.
Tomo el diccionario para recrearme en ella y encontrar inspiración para este capítulo, pero horror de horrores, no figura. Esa palabra que llevo utilizando desde la infancia y que es la primera que pronuncio cada día, no aparece en el diccionario. Me tranquilizo pensando que el único culpable es el diccionario; al fin y al cabo, primero fue la palabra y luego el registro.
Déjame mandrear cinco minutos más, es mi grito de súplica mañanero. Sin piedad hacia una madre, uno de mis hijos me ha salido bien madrugador, lo cual no sería problema si no me obligara a madrugar a mí también, como hoy domingo, hacia las seis y media. Mamá, mamá, mamá, levántate, despierta, quiero desayunar, mamá, estiro de la manta, mamá quiero leche, mamá, mamá, levanta, levanta, mamá, mamá.
Dios mío, se ha cumplido y bien cumplido la maldición de mi madre, aquel "sólo te deseo que te salga a ti un hijo como eras tú", pues al parecer yo fui una niña de armas tomar.
Los cinco minutos de mandreo se suelen quedar en dos o tres, los que resisto al ataque verbal de mi hijo, que ha salido a mí en esto de hablar e incluso diría que me supera. Mi otro hijo duerme plácidamente. Se despertará más tarde y mandreará un ratito antes de levantarse. Hasta en eso son distintos los dos.
Con los ojos medio cerrados me dirijo a la cocina, después de la obligatoria visita al baño.
Excepto en mi más tierna infancia, en esos días en que madrugaba para incordiar a mi madre, siempre me ha costado levantarme. Admiro a quienes consiguen empezar su día frescos como una lechuga. Yo no soy así. Será porque tengo la presión baja, será porque tengo un edredón de IKEA gama supercalentito bajo el cual se está de maravilla: será por lo que será, pero los primeros minutos del día son para mí un suplicio.
Quizás la Naturaleza, por piedad hacia mí, me haya dotado de otra característica, bien conocida por mis amigos, que ayuda a compensar mi tara anterior: me encanta desayunar.
Pensar en mi café con leche, panecitos variados con variadas mermeladas, mitiga ciertamente el dolor de dejar el cobijo del edredón, y me sirve, como zanahoria al burro, para dejar mi madriguera.
Yo soy persona de desayuno diario. Diréis, claro, como Mercedes tiene tiempo, porque sólo es una maruja intelectual, pues desayuna. Nada de eso. Cuando me levantaba a las cinco y cuarto de la mañana para ir a trabajar, no salía nunca con el estómago vacío. Y cuando me levantaba a las tres de la mañana los domingos para ir a esquiar a Andorra (qué tiempos lejanos aquellos...), no me faltaba jamás mi café con leche.
Ah, desayuno, divino tesoro. Cuando me casé me rondó por la cabeza montar un desayuno en vez de una típica comida o cena. Bueno, al final quedó, al menos para la familia más allegada, en día y medio de fiesta, cena-desayuno-comida-cena, que difuminó la extravagancia de mi idea original, pero en parte la cumplió.
También me vienen ahora a la memoria el recuerdo de una fiesta mía de cumpleaños con desayuno que preparé hace ya mucho tiempo y una encerrona de mis amigos del trabajo para llevarme, conchavados con mi madre y sin que yo lo supiera, a una buena cafetería de la ciudad donde me esperaban todos a desayunar, para desearme entre tazas de café con leche buena suerte en mi próxima vida de exilio por el mundo.
De vez en cuando, si la industria del automóvil lo permite, Míster R se une al desayuno de los niños y mío. Y entonces en la mesa hay que poner, además de las cosas habituales, unos cuantos kiwis, un tazón de leche o yogur con müsli y pimientos rojos crudos. Pues sí, un poquito especial, pero eso sí, sano, sanote, puro machote. Aunque para él desayunar a veces es sinónimo de devorar restos del día anterior. Mi madre ya se ha acostumbrado a oírle decir, cuando ella por ejemplo le ofrece más macarrones para la cena, no, no, ahora no, para mañana al desayuno. Y doy fe de que es capaz de desayunar macarrones recién sacados de la nevera sin pasar por el microondas.
Bueno, no me enrollo más. Es hora de llevar a los niños a la cama y cruzar los dedos para que mañana pueda tener mi dosis de mandreo, porque la otra, la del desayuno, ésa sólo se pierde por fuerza mayor.
* "Mandrejar" en lengua catalana significa "abandonarse a la pereza", algo así como gandulear en castellano, en mi caso, hacerse el remolón en la cama, una vez que uno se ha despertado; de ahí, supongo, digo mandrear
FOTO: desayuno de un día cualquiera
16 comentarios:
Coincido contigo en las dos cosas: me gusta mandrear y desayunar. Despertarme y ver el techo, pensar en tonterías o ponerme a leer, cuando hay tiempo, es lo mejor para mí al mandrear. Y desayunar no se diga, coincido contigo, café con leche, unos panes con queso y mermelada, o si no unos huevos a la mexicana o unos chilaquiles, ¡qué rico! (aunque a mí me gustan las tres comidas) Y a mí siempre se me hace tarde para llegar al trabajo en la mañana por desayunar, además procuro tomarme aunque sea 10-15 minutos mientras veo el noticiero. ¡Los pequeños lujos de la vida!
Por cierto, no conocía la palabra, mandrear, nosotros no tenemos ninguna palabra en particular para ese momento o situación cotidiana. Pero qué bueno es conocer una nueva palabra. ¡¡Saludos como siempre!!
@Blanca: Cuidado, la palabra "mandrear" la decimos por donde yo vivía, cerca de Barcelona, porque allí hablamos también otro idioma, el catalán, y a veces tomamos palabras de él. Pero igualmente es una palabra de contenido hermoso.
No sé lo que son huevos a la mexicana o chilaquiles, pero seguro que también me gustaban. Un saludo
Mercedes: aca tenés otra madre que se ve reflejada perfectamente y con lujo de detalles en tu relato a cerca del mandreo ( se diría asi?)
Francesco se despierta a las 6, 6 y media y no para hasta que me despierta a mi o a Carenza, en su defecto. A veces, muy rara vez se volvio a dormir, pero la mayoría de las veces nos termina despertando a las dos...
Mirá...si vas a www.rae.es, el diccionario de la real acadeia, encontrarás otra palabra muy bonita y que significa lo mismo que mandrear pero es un argentinismo. "Fiaca"!!
Nosotros le decimos tener fiaca o hacer fiaca!!
Cómo me gusta esto del lenguaje!!
Coincidimos en lo de los super desayunos importantes!! Ya nos tendríamos que juntar a desayunar en grupo!!!
Un saludo grande!!
Pensaba que te había dejado un comentario el otro día, no sé si lo soñé o que blogger lo hizo desaparecer misteriosamente. Te decía que lo que llamas "mandrear" es lo que aquí se dice "romancear". Pero, en cualquier caso, es una costumbre muy buena.
Los huevos a la mexicana son revueltos y guisados con jitomate, cebolla y chile. Los chilaquiles son trozos de tortillas fritas a las que se les agrega salsa de jitomate y/o tomate con chile, además de queso fresco, cebollita picada y crema, si se quiere, se le puede acompañar con huevos fritos encima o pollo desmenuzado. Estos dos desayunos son muy buenos, aunque algo pesados.
En cuanto a lao de "mandrear" sí voy a tener cuidado, si le quitamos la "n" y se oye "madrear" significa una palabra fuerte en México, quiere decir, golpiza. Por ejemplo. si digo: "te voy a madrear" significa te voy a golpear, frase nada amigable. Bueno, esta última explicación ya estuvo un poco fuera de contexto.
@Blanca: Gracias por la aclaración. Para cada día, prefiero el café con leche y los panecillos, pero un domingo, por ejemplo, no me importaría atacar el desayuno mexicano. Ah, el lenguaje, es fascinante ver cómo en cada rinconcito tienen sus usos diferentes. Pero lo importante es entenderse, o mejor, querer entenderse
@Anavi: Lástima no poder juntarnos un día a desayunar, es cierto. La palabra "fiaca" no la conocía, pero la he buscado en el RAE. Imagino que somos muchas las madres a las que sus hijos no dejan "mandrear" o "hacer fiaca" ni siquiera un domingo. Saludos
@Amelche: No sé por qué tu comentario desapareció. También la palabra "romancear" me encanta, aunque yo no la uso. Mi madre, que es de Cuenca, sí dice algo como "no me vengas con romances", pero no tiene que ver con el tema del capítulo mío. Aprovecha para "romancear" ahora que estás aún sin prole: después, se acabó. Saludos
Aquí ando de entrometida, la palabra que menciona Anavi, fiaca, también la utilizamos aquí, pero al menos en mi caso, sólo quiere decir flojera en general, no quedarse en la cama, exactamente.
Aunque hace algunos años pusieron una obra teatral que se llamaba "La fiaca", cuyo tema era acerca de un hombre que no iba a trabajar y... precisamente, se quedaba en la cama.
@Blanca: La de cosas que se aprenden. Esto del lenguaje es una maravilla.
Pues te digo que si seguimos así, terminaremos hablando un castellano con un dominio de los localismos, que madre mía!!!!
Un beso!!
veo que mi madre no era la única en decir aquello de "sólo deseo que te salga un hijo como tú" :D
El caso es que es un deseo que casi siempre se suele cumplir. Los genes, jeje.
Otra cosa que me he dado cuenta es que suele haber más tensiones con el hijo que más por carácter se parece a ti.
La "mandra" es una catalanada que usamos mucho en casa. Somos muy "mandrosos".
Hablando de catalanadas, una vez hablando por teléfono con un cliente de fuera de Catalunya, le pregunté que a qué hora plegaba (salir del trabajo) y me contestó: "¿Que pliegue qué?".
Consecuencias del bilinguismo.
un saludo desde Barcelona, dónde el verano ya ha comenzado a hacer su aparición.
@Sansar: En nuestro caso, como son dos hijos, uno es clavadito a mí cuando era chica, y el otro es parecido a su padre. Así la cosa ha quedado repartida. Bon cap de setmana!
@Anavi: Buen fin de semana a ti también... Y lo importante es que, a pesar de nuestros modismos, nos entendemos a las maravillas (salvo pequenas excepciones de vez en cuando de palabras que nombrar no quiero...).
¡Ja,ja,ja! No nombres, no, que puede venir alguna loca (ya sabes quién) con la caballería... :-)
@Amelche: Pues sí, en eso mismo pensaba cuando lo escribí...
Pero lo de la palabra era una simple excusa para agredirme directamente (a mí y a cualquiera que le dijera lo contrario, como se vio en otros posts). Sin embargo, a mí se ve que me tenía más tirria. Eso sí, no tuvo lo que hay que tener de venir a decírmelo a la cara. Le dije que dejara de molestar a Anaví y siguieramos la conversación en mi blog o que me mandara un e-mail y no se atrevió.
Cuídate, que he leído en el blog de Anaví que estáis todos malitos.
@Amelche: Sí, eso de no dar la cara es un poco feo. En cuanto a los virus, hoy todos estamos bien, así que manana al cole y a retomar la normalidad. Saludos
¡Ah! Encontré mi comentario perdido: estaba en el post anterior. Ya estaba a punto de hacer un conjuro contra Blogger, que me pierde los comentarios (Aylandara me dejó dos que no llegaron la semana pasada y a Anaví a veces le llegan un día o dos después los míos). Feliz y contenta, me voy a estudiar. Espero que haya vuelto la normalidad
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