En donde se aboga por que todas las cosas tengan su oportunidad
Llevo cinco días encerrada en casa con mis hijos, enfermos por un dichoso virus de gastroenteritis. Por suerte el tema ha remitido y mañana les doy el pasaporte al cole, que si no estaba decidida a dejarlos a ellos en casa y marchar yo a la guardería.
Mis neuronas, si es que son varias, que lo dudo, están resentidas de este tute y las he enviado a un balneario a recuperarse. Por eso me siento incapaz de escribir nada con pies y cabeza, dejo el anunciado capítulo sobre cómo se visten los suecos para otro día, y he decidido mostraros simplemente una imagen que me encanta, y que supone la elevación al estatus de arte de algo tan poco artístico como el chorizo. Me encanta ese claroscuro de tonos anaranjados, esa luz de bombilla emergiendo entre el embutido cual poético amanecer.
Durante nuestras últimas vacaciones R se entretuvo en sacar decenas de fotos de un matacerdo en el pueblo de mi abuela, matacerdos en plural porque fueron diez las defunciones. Y de ahí salieron cientos de chorizos que fueron artísticamente captados por la cámara, aunque yo entonces era escéptica con el resultado. La cosa tiene especialmente mérito si pensamos además que el fotógrafo, medio vegetariano, no se comería jamás ninguno.
La moraleja de esta historia es, por si no lo habías captado, que todas las cosas, más allá de su apariencia, se merecen una oportunidad en la vida de ser contempladas con otra mirada diferente de la habitual (o en otra posible lectura más directa y castiza, y a la vista de la matanza, a cada cerdo le llega su San Martín).
Lo siento si este capítulo no está a mi habitual altura. Y conste que lo avisé, que hoy mis neuronas van por libre...
5 comentarios:
Pero si es uno de los mejores que has escrito, mujer!!!!
Está excelente!
Porque el que te lee tiene la sensación de estar sentado contigo tomándose un café!! Es decir, has escrito el post como charlando!!
Y te ha salido muy bueno, al igual que la foto de R. Tiene ojo para esto de las fotos.
Para el que no ha visto nunca una carneada (asi le llamamos nosotros en Argentina) es una experiencia un poco traumante!
Cuando se las ve desde pequeña como mi caso, en el campo, es algo sumamente esperado!!
Adoro definitivamente los embutidos de toda clase!!
Un saludo!!
Hola Merchi,
Me parece que ese virus está por toda la CEE, porque aquí mi familia también ha estado enferma.
¿será la globalización?
Por cierto ,se me hace la boca agua con esos choricitos ahí colgaditos y la cerveza del otro día y "pa amb tomaquet"
besos
EFI
@Anavi: Gracias. Cuando matan a los cerdos, eso sí que no lo resisto (no estaba), pero luego es muy interesante ver todo un proceso manual de hacer embutido. Esos chorizos eran caseros 100% y seguro que te encantarían.
@Efi: Hombre, qué alegría, tú por aquí. La cerveza, el chorizo y el "pa amb tomàquet" nos los podemos tomar muy pronto juntas, pero ya sabes, por mí mejor si es un café con leche, un cruasán de chocolate y mucho darle a la sin hueso.
Pues te ha salido muy filosófico para no estar en forma... Tiene razón Anaví. Aunque yo prefiero los jamones a los chorizos. Y tiene razón tu anónimo: por aquí también debe de andar el virus ese, porque varios de mis alumnos lo han tenido. Bueno, que mejore la cosa, si no, te vas a volver loca en casa. Un abrazo.
@Amelche: Si soy sincera, apenas pruebo los embutidos, a mí lo que me encanta es el queso. Algún día tal vez pueda ver cómo se elabora el queso, sacar fotos y... hablar del arte del queso, que el arte de comerlo ya lo conozco.
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